martes, 19 de julio de 2011

Crónica de un encuentro con el desencuentro…

Resulta que los tiempos, no solo son internos. Sino que hay una especie de contagio, impregnación, y simbiosis, (se me acaban los recursos literarios, lo cual denota pobreza intelectual e inaptitud de quien escribe), respecto del lugar al que uno pertenece, y se mueve diariamente. Como producto se forja un ritmo, es decir, la repetición en este caso, de un cierto flujo de acciones que se ordenan y se reiteran descansando sobre cierta periodicidad. En otras palabras… la rutina. Y ahí cada lugar tiene lo suyo. Basta con situarse  en un medio, el cual no es tu habitad, o en el pueblo en el que ya no vivís hace ocho años, y al cual vuelves cada vez mas porteño y pelotudo( no digo que este no sea mi caso). Te sentas en el banco de una plaza, y comenzas a observar, no con el apetito de cuestionamiento, sino para desnaturalizar lo natural, lo dado, lo que debe ser, es decir, el deber ser. Y aparecen grandes eventos , como por ejemplo la carrera del mediodía. Este evento , no deportivo, ya que carece de institucionalidad, pone en evidencia la necesidad de puntualidad y desesperación por llegar al hogar casi antes de salir. Entonces, motos, autos, bicicletas, camionetas, y demás “etas”. todos disputando un gran prix culinario, porque claro, después de eso la jornada sigue. Y vos pensas, yo almuerzo… tipo 3, si me dan ganas… sino asesinas un carrito de panchos. Mientras todo esto sucede, notas que en ese espacio publico parquizazo, llamado plaza, ya no estas solo. Grandes cantidades de personas socialmente catalogados como “jubilados”, lo cual me enerva de manera incisiva, ya que se los reduce a una posición en el sistema productivo, ósea no son seres que merecen disfrutar de su vida y sus derechos, sino mas bien una carga estatal, ignorados a mi juicio, y aca me parece bueno opinar, ya que soy el dueño de las palabras, lo cual convierte en un monopolio literario, y con estas excusas sin sentido, me permito argumentar que escuchar a los que mas años llevan en esto de vivir, puede ser muy lindo siempre y cuando no busquemos soluciones productivas. Charlando con uno de los grupetes, notas que hasta la velocidad en el habla, la velocidad de los gestos , son ciertamente anacrónicos# y desesperantes, para jóvenes pedantes, que al mismo tiempo: chatean, twitean, postean, descargan, descomprimen, y que se yo cuanta mierda mas.(perdí la educación, pero no perdí la posibilidad de transmitir lo que siento ahora). Hallarte en estos ritmos ajenos, puede parecer insignificante, estupido, tendencioso y humanitario, o te puede parecer de una enorme sensibilidad, y hasta una parasitosis de las buenas. Tomarse el trabajo de compartir algo así, sin mas que compartir, enriquece sin enriquecer, y nos distrae de nuestro peor enemigo… nosotros. Ufff…, me agote, lo dejamos acá.

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