Ella dice que cuando se cae un cuchillo al piso… seguro vienen visitas. Que cuando la mancha es de tinto, tenes que ponerle vino blanco. Y si estas mal de la panza, siendo que te tomaste hasta el agua de los floreros pero igual te haces el boludo, te cura a través de toda una batería de cosas que te llevan a estar parado como media hora mientras ella implora por el destruido hígado del nieto que no se puede bajar de la carava. Yo elijo creer, elijo mirarla a los ojos y confiar en todo lo que me dice, y juro que cuando se cayó el cuchillo sonó el timbre, que la mancha desapareció perdiéndose en lo blanco del Yang de mesa, y que el domingo estaba mejor…. O al menos podía entrarle a un arroz pálido. Al fin y al cabo, frase que jamás entenderé pero queda de pelos, depositar nuestra fuerza en algo que nos tranquilice o nos haga obtener lo que deseamos, aun no está legislado. Si hay que admitir que grandes construcciones, que hasta nos asustan, se jactan de ser las más poderosas en cuestiones difíciles de cuestionar, pero a la ve algo tan grande se desdibuja. Se pierde. Pierde la calidez de un gesto, o el ser oportuno con esas palabras que cobran más fuerza por el momento en el que nacen, que por lo que vienen a significar. Cantidades innumerables de trucos en el área culinaria, textil, ni hablar de los asuntos de amoríos… que tema! Te ve con la cabeza abajo y una cara que te la pateas y te dice: “deja de joder che, con la pinta que tenes sabes las muchachitas que vas a conquistar”. Señores me pregunto: ¿si eso no es oportuno , que lo es?.
Así que bueno, simplemente quería hacerles un zoom a las heroínas de manchas, amores, comidas, pañales y todo tipo de ritos que día a día nos construyen, nos completan y nos aportan un condimento repleto de secretos que arrancan sonrisas y nos arrastran hasta las playas mas dulces del corazón.
Las quiero Abuelas.
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