jueves, 11 de agosto de 2011

Crónica de una ciudad... y una furia.


Me acuerdo de lo mucho que lo  esperé, y de lo rápido que paso. Dicen que lo que uno disfruta en demasía, por lo general, pasa en un parpadeo, como cuando sos peque y nunca llegas a jugar todo lo que queres. Mucha ansiedad, y una suerte de abstemia deliberada, en la cual me prometí no escuchar ningún disco hasta ese día. Si le buscan la fundamentación… van muertos. De pronto, estábamos ahí , con un amigo que comparte ciertas emociones melódicas y por eso nos congregamos. Llegamos temprano, el lugar parecía no terminar nunca. Poca gente, muchas butacas, mucho espacio, algo bastante impersonal. Nos sentamos a mirar alrededor, y las charlas no abundaban… como cuando algo grande esta por pasar, los sentidos bloquearon los pensamientos. Lo siguiente lo cambio todo, nos paramos ya no estaba azul el cielo, ni el lugar desértico. Nos pusimos en stereo, y el coro era interminable, las luces blancas de los dispositivos, casi como si  la noche llena de estrellas humanas se viniera encima tuyo. Era un clima único. No faltaba nada, solo él, perdón: ellos. Mire atrás y me vi siendo uno, y la vez todos, algo difícil de explicar. A este punto todo se volvió presente, las miles de construcciones futuras, conjeturas, ya estaban en otro tiempo verbal. Nos miramos con el man, y sonó un acorde, osea, un par de dedos, sobre un par de cuerdas sosteniendo un ritmo. Algo se libero, una energía que convertía a una masa de gente en una fuerza unísona poderosa, muy poderosa. Yo me quede un segundo duro, como inmortalizando todo,  sacándole una foto a las sensaciones. A partir de ese momento todos fuimos uno en ese lugar, la alegría de los rostros, que  a la vez ajenos, con mucho en común, o todo.
Siempre voy a preferir cerrar los ojos y sentir esa viola, verlo sobre el lado derecho del escenario con el pie izquierdo semiflexinado y apuntando al oeste. Siempre que lo necesite voy a poner un disco, y me voy quedar coreando como si estuviese con él. Siempre que me detenga a pensar en la vida, el chabón va a aparecer, y seguro se me inundan las canaletas oculares. Pocas veces me sentí en la situación de transitar un estado de Fe. No lo puedo evitar. Todas sus letras parecen conectarse, hasta presagiar algo en nuestras cabezas. Sin embargo algo me tranquiliza. Podría desaparecer, y seguiría viéndolo, podría quedarme sordo, y seguiría repasando cada riff en mi cabeza, porque ya trascendió, ya esta tatuado en los corazones de muchos y eso no tiene vencimiento. Y por suerte tiene amigos como Luis, que es un ángel terrenal, que le regala acordes y lo sufre sin cesar.
Creo en la energía, y sobre todo de millones, se que llega y la disfruta. Hoy te llevo más que nunca… y te llevo para que me lleves.

1 comentario:

  1. Fideo, mago, muy buenas las sensaciones imaginadas y vividas. Hoy a 52 años del nacimiento de la inmortalidad, por suerte quedan los recuerdos de esos tonos que solo en la ciudad de la furia se pueden escuchar.
    Abrazo.

    ResponderEliminar